De activos tóxicos a gangas de oro

La confianza en el fin de la crisis y los bajos precios disparan el desembarco de fondos de inversión en España a la caza de oportunidades en el sector inmobiliario

En las últimas semanas, la percepción sobre la economía española ha empezado a mejorar de la mano de una serie de indicadores provisionales. Para el Gobierno ha sido un espaldarazo y para muchos en Bruselas y Berlín una sorpresa. Pero si alguien había sido capaz de anticipar el cambio esos fueron los fondos de inversión.

Este verano se han cerrado muchas operaciones, pero para que eso haya podido ocurrir han hecho falta meses y meses de trabajo en la sombra. Caixabank, por ejemplo, ha logrado la venta del 51 % de Servihabitat Gestión Inmobiliaria a TPG, un fondo estadounidense, por casi 190 millones de dólares. Al mismo tiempo, casi 300 oficinas del Banco Sabadell han quedado en manos de Fibra Uno por casi 300 millones. Cerberus Capital Management ha cerrado a cambio de una cifra inferior a los 100 millones de euros la adquisición de Bankia Habitat, Y Sareb, a principios de agosto, informó de que había «adjudicado la cartera Bull al fondo de capital riesgo H.I.G. Capital» por unos 100 millones.

Ahora debería ser el turno de Novagalicia Banco, que ha vendido EVO a Apollo por 60 millones. Un acuerdo que en Londres y Nueva York ha sido visto como muestra de un cambio profundo, al ser la primera entidad en el mercado desde el rescate del sector financiero.

El mercado está caliente. A finales de 2012 las grandes instituciones foráneas contaban con miles de millones (entre 12.000 y 13.000 según Goldman Sachs, casi el doble según otros) listos para gastar. Y empezaron a interesarse en las participaciones de las antiguas cajas de ahorros en diferentes empresas. Los acuerdos más sonados son los ligados al ladrillo, pero hay operaciones en marcha en el sector industrial, en el del turismo y la distribución.

Los Fondos Soberanos no han estado muy activos todavía pero los del Golfo empiezan a mostrar su interés por las gangas olímpicas; y el chino CIC, tras el reciente viaje de una delegación encabezada por el ministro de Industria, ha puesto los ojos de nuevo en nuestro país. «Está todo el mundo aquí porque España está muy barata y es muy apetecible», señalan fuentes de una entidad con presencia en toda la geografía nacional. «Vete cualquier mañana al Hotel Villamagna y los verás en fila. Siempre hay siete u ocho por lo menos», añaden desde un despacho que asesora a algunos de los nombres más importantes.

El proceso de venta dura muchos meses. Para una oferta de venta o adjudicación jugosa se reciben más de 50 peticiones. Interesadas de verdad, unas 30. De esas, la mitad se lanza con ofertas. Y luego se reduce la lista a cinco o seis.

«Los fondos llevan mucho tiempo revoloteando. Algunos llegaron al principio de la debacle, en 2008. Cuando vieron que no había nada que hacer se largaron, explica José Luis Ruiz Bartolomé, consultor inmobiliario. «En 2009 llegaron para quedarse los que compraban carteras de deuda. Hubo buenas oportunidades sobre todo en bancos extranjeros, que recibieron orden de fuera de vender todo, sin importar a qué precio. Hacia 2010 volvieron a ver qué pasaba. Sabían que el precio aún estaba caro, pero consideraban que pronto bajaría. Pero entonces empezaron a surgir dudas sobre rescate y desaparecieron. En cuanto hemos salido del foco han vuelto y se ha relajado la presión. Los precios ahora sí han caído de verdad, más de lo que se reconoce oficialmente», concluye el consultor.

Las últimas operaciones «son una muy buena noticia para la recuperación económica dado que inyectan fondos en la compra de activos fallidos y demuestran que las reticencias que existían hace 18 meses sobre la economía y el sector financiero han desaparecido», asegura Mikel Echavarren, consejero delegado de Irea.

«Han venido para quedarse y por eso han comprado plataformas de gestión de activos fallidos a las que tendrán que alimentar con nuevas inversiones. Para el sector inmobiliario será bueno a largo plazo ya que estas inversiones provocan un efecto llamada», añade. «En los fondos también se da el follow the leader. Cuando viene uno, siguen los demás», coincide Ruiz Bartolomé.

«Hay miles de millones deseando entrar. Si no lo fastidiamos ahora, esto sí que es el motor de la recuperación», concluyen desde un banco que sin tener puesto el cartel de se vende a todos sus activos, está «más que dispuesto a escuchar a todo el que llame a la puerta».

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16.09.13 –  EL MUNDO